Elegir un zapato de trabajo fijándose únicamente en el diseño o en el precio suele derivar en pies fatigados, materiales empapados o falta de protección real frente a clavos y caídas de material. La correcta clasificación del calzado de seguridad bajo la normativa europea determina con precisión qué modelo responde a los riesgos reales de cada puesto operativo.
Interpretar códigos técnicos como S1P, S3 o los recientes S6 y S7 no tiene por qué convertirse en un trámite farragoso. Conocer las propiedades del calzado laboral permite a los responsables de prevención y a los propios trabajadores seleccionar el nivel de protección exacto para cada instalación industrial, nave logística o trabajo en intemperie.
Niveles de protección y códigos del calzado laboral
La clasificación del calzado de seguridad bajo la norma EN ISO 20345 establece una escala técnica según los riesgos presentes en cada puesto. Cada categoría combina requisitos de resistencia mecánica, disipación electrostática y comportamiento frente a la humedad o perforaciones en la planta.
El código SB representa el nivel básico obligatorio. Exige una puntera de protección capaz de resistir impactos de hasta 200 julios y soportar una compresión mecánica mínima de 15 kilonewtons. A partir de esta base, las categorías añaden protecciones complementarias:
- S1: calzado con trasera cerrada, propiedades antiestáticas y absorción de energía en la zona del talón.
- S1P: reúne las características del nivel S1 y suma una plantilla antiperforación para trabajos en suelos secos.
- S2: añade al nivel S1 un empeine con resistencia a la penetración y absorción de agua durante la jornada.
- S3: integra todas las propiedades del S2 junto con plantilla antiperforación y suela con resaltes o tacos pronunciados.
Conviene diferenciar estos modelos del calzado ocupacional regido por la norma EN ISO 20347. Este último se identifica con la letra O (OB, O1, O2, O3) y carece de puntera protectora contra impactos mecánicos, orientándose a actividades sin riesgo de caída de objetos pesados.

Diferencias prácticas entre calzado S1P y S3
El calzado S1P está diseñado para trabajos en interiores secos o almacenes logísticos gracias a su gran transpirabilidad. El calzado S3 resulta indispensable en exteriores y obras porque incorpora material hidrófugo en el empeine y una suela taqueada para terrenos irregulares.
Usar modelos S1P en zonas exteriores con barro o lluvia continua acelera el deterioro del tejido y permite el paso directo de humedad, enfriando el pie y reduciendo la tracción sobre superficies resbaladizas.
Nuevas categorías impermeables S6 y S7 frente a S3
Las categorías S6 y S7 proporcionan una estanqueidad completa mediante membranas impermeables integradas en toda la estructura del calzado. Por su parte, la especificación S3 únicamente garantiza resistencia al agua en el material del empeine frente a salpicaduras moderadas.
Mientras que un modelo S3 termina saturándose en situaciones de inmersión continua, el calzado S6 (equivalente a un S2 impermeable) y el S7 (equivalente a un S3 impermeable) mantienen el pie seco durante jornadas completas en zanjas anegadas o precipitaciones intensas.
Novedades normativas y marcados adicionales según la norma 2022
La revisión de la norma EN ISO 20345:2022 actualiza los métodos de ensayo del calzado profesional y convive con las certificaciones previas de 2011 durante los cinco años de validez de sus certificados. Esta actualización suprime los antiguos códigos de deslizamiento e introduce marcados funcionales más precisos.
Los marcados SRA, SRB y SRC desaparecen en la nueva redacción. La prueba sobre baldosa cerámica con detergente pasa a ser un requisito básico para cualquier zapato de seguridad sin necesidad de distintivo, mientras que el marcado opcional SR evalúa el comportamiento antideslizante sobre baldosa con glicerina. Además, la resistencia de la suela a los hidrocarburos (marcado FO) deja de ser obligatoria en calzado de Clase I y se convierte en una prestación adicional voluntaria.
Aparecen también códigos específicos para tareas concretas, como el marcado SC para la resistencia a la abrasión en la sobrepuntera y el marcado LG para suelas con perfil diseñado para el agarre en peldaños de escalera. En zonas con riesgo electrostático, el calzado con especificación ESD resulta necesario para disipar cargas estáticas de forma continua, evitando chispas en salas blancas, manipulación de microchips o atmósferas con peligro de deflagración.
Punteras y plantillas en la clasificación del calzado de seguridad
Los componentes estructurales internos definen la ergonomía, el peso y el comportamiento térmico del calzado de seguridad. La elección entre soluciones metálicas y alternativas sintéticas responde a las demandas físicas del entorno, el clima y los controles de acceso de las instalaciones.
Tanto las punteras como las plantillas antiperforación deben superar los mismos valores de resistencia en laboratorio con independencia del material con el que estén fabricadas. Sin embargo, su comportamiento en el uso diario presenta diferencias marcadas en flexibilidad, ligereza y aislamiento frente a temperaturas extremas.
Punteras de acero frente a materiales de composite
Las punteras de acero presentan un perfil delgado que reduce el volumen exterior del zapato, pero aumentan el peso y conducen rápidamente el frío o el calor exterior. Las punteras de composite o fibra de vidrio ofrecen ligereza y aislamiento térmico natural, además de permitir el paso fluido por arcos detectores de metales y recuperar su forma tras impactos moderados.
Plantillas antiperforación textiles frente a láminas de acero
Las plantillas de acero protegen con firmeza frente a clavos muy finos, aunque son rígidas y dejan pequeños márgenes sin cubrir en los bordes de la suela. Las plantillas textiles aportan gran flexibilidad y cubren la totalidad de la superficie plantar. La norma actual las divide en marcado PL, ensayadas con punzón de 4,5 mm, y marcado PS, sometidas a un punzón de 3 mm para riesgos con astillas o elementos punzantes muy delgados.
Criterios para elegir el calzado adecuado según el entorno de trabajo
La selección del calzado profesional debe ajustarse de forma rigurosa a los riesgos evaluados en cada centro de trabajo. Establecer las especificaciones técnicas adecuadas previene accidentes por aplastamiento, pisadas sobre objetos cortantes o caídas al mismo nivel.
En el sector del transporte y la logística de interior, donde se caminan largas distancias sobre pavimento seco, conviene prescribir calzado de seguridad para trabajar con nivel S1P y puntera no metálica para aligerar la marcha. Para la construcción, minería y movimientos de tierras, son indispensables las botas de seguridad industriales clasificadas como S3 o S7, dotadas de suela con relieve profundo, resistencia a la penetración de agua y plantilla antiperforación PS.

En talleres mecánicos y plantas de mecanizado convienen suelas con marcado adicional SR y resistencia a hidrocarburos. Por otro lado, en actividades sanitarias, limpieza o cocina donde no existe peligro de caída de cargas pesadas sobre los pies, el calzado laboral sin puntera de seguridad bajo la norma EN ISO 20347 aporta la ligereza y el descanso muscular necesarios para turnos prolongados de pie.
Seleccionar el equipamiento laboral adecuado exige un equilibrio exacto entre la exigencia técnica del entorno y la comodidad del trabajador durante jornadas prolongadas. Identificar con precisión los códigos de marcado garantiza cumplir los requisitos de seguridad laboral y evitar sobrecostes innecesarios o riesgos de accidentes en obra, almacén o taller.
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